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Los caminos del terror, Miércoles 10 de Agosto de 2005Por el Pbro. José Guillermo Mariani El Sábado 6 se cumplieron 60 años de aquella mañana en que 300.000 seres humanos quedaron calcinados por la explosión de la primera bomba atómica. Y se firmó la paz. Una paz embarazada de muertes y de muertos. No podía dejar de ser fría, con clima de guerra. Y por eso se convirtió prácticamente en “salario de miedo”. Mantenida cada día gracias al temor de que una contienda desencadenara un proceso de destrucción total. Mirándose con recelo los Grandes fueron accediendo a resolver sus diferencias con diálogos y mutuas concesiones. Para continuar con el negocio de las armas, eso sí, inventaron contiendas menores agrediendo a países sin capacidad defensiva. Y se llegó también a un tratado de no proliferación de armas nucleares. Varios lo cumplieron. Entre ellos, afortunadamente, nosotros la Argentina. Pero, al menos nueve países más poseen hoy la bomba y se calcula que otros veinte están en condiciones de fabricarla. Cabe entonces preguntarse ¿Será suficiente el “miedo” para mantener esta paz tan inestable? ¿Y los países que aceptaron el compromiso de no producir la bomba? ¿Y la disconformidad de los que no han sido aceptados como poseedores legalizados por parte de los Estados Unidos? Pero lo más grave es que en este clima de provocaciones que no cesan por parte de los supuestos “dueños del mundo”, el terrorismo internacional está siendo empujado a aumentar su agresividad sin admitir limitaciones, como no las han admitido los que arrasaron sus países, su historia y su cultura. ¿No obtendrán de los países e instituciones que custodian celosamente los depósitos de uranio, el material necesario para construir sus propias bombas? Hay muchos resquicios por los que pueden colarse clandestinamente los secretos más cuidadosamente guardados. La paz sigue siendo entonces una ilusión porque su contenido fundamental no es el de la convivencia sino el de la agresión. Cincuenta mil personas pidieron el 6 de Agosto en Hiroshima la paz y la destrucción de las armas atómicas. Mientras continúen las provocaciones por parte del y los Grandes no es posible alimentar muchas esperanzas. La conciencia de que la superioridad militar puede establecer el final del terrorismo internacional y una paz que signifique sujeción absoluta de los temerosos o los vencidos, ha resultado y resulta una táctica muy peligrosa. José Guillermo Mariani (pbro) |
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