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EN LOS CINCUENTA (para "Quito") por P. Juan Manuel González
Los Sanedrines siguen vivos,
Herodes y Pilatos se han re-encarnado.
Ya no hay planes, ni líderes. . .
sólo un pueblo que sufre. . . y espera.
Pero vos ya tenés cincuenta años
de experiencia
50 años de sacerdocio
¡cincuenta!
sembrando esperanza,
exorcizando miedos,
curando males del alma,
pariendo utopías,
cincelando amaneceres,
levantando arco iris
como quien levanta barriletes,
multiplicando sueños,
derrotando demonios,
curando cicatrices.
¡Cuántas cosas desmentiste!
Cuando otros dijeron "valle de lágrimas"
Retrucaste "pradera de fiesta"
"No sólo de pánico vive el hombre"
"Comer, sumar poder, no es todo el Hombre.
No sólo de progreso el hombre vive,
vive también de Dios y de la Luna"
En el 76, decías: "hay que amar con horror para salvarse"
Levantaste el Cáliz y la Voz
cuando asesinaron al Pelado.
"una cosa es morirse de dolor
y otra cosa, muy distinta,
es morirse de vergüenza"
y de él aprendiste que
"hay que seguir andando nomás"
Y ahora dices:
"Hay que amar con valor para salvarse"
Sin convenios ni votos,
desnudos cuerpo y alma,
disponibles para ser otro, a ras del sueño.
"hay que amar con valor para salvarse"
junto con la justicia y el pan nuestro.
Defendiste nuestro derecho a decir,
en voz alta, la palabra.
A expropiar diccionarios y mitos,
a invadir toda la belleza disponible,
a desmarginar al desharrapado,
bendecir a los divorciados,
hablar claro en la TV y en la Radio,
a ser "mansos como palomas
y astutos como serpientes"
Bailando chacareras y zambas
animas la comunidad hasta el amanecer.
Lúdico con los scout,
crítico en la Catequesis,
provocativo en las Homilías,
feliz en las liturgias,
fraterno y solidario con los angustiados,
familiar para con los niños,
tierno con los familiares de la carne,
edípico con tu madre, como debe ser...
Te vemos de cuerpo entero en cada caso,
sin rifar palabras ni gestos.
Agarrado al viento con las uñas,
gambeteando excomuniones,
exclusiones y difamaciones.
Por eso, hasta las cosas más triviales,
con tu querida presencia,
y para alegría nuestra,
se vuelven fundamentales.
Por tantos que te siguen, y por tantos
que han crecido con tu dura y hermosa suerte,
te decimos, Quito,
"Donde hubo fuego, caricias quedan"
Desde la amistad.
Juan Manuel González (Pbro)
16- Diciembre-2001
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