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“Gnothi Seautón” - "Conócete a tí mismo"No se trata de un alarde idiomático. “Conócete a tí mismo” es la sabia frase de Sócrates para despertar las fuerzas dormidas en nuestro interior y aceptarnos con nuestras limitaciones. Siguiendo ese consejo me permito hacer estas reflexiónes. Si usted no es envidioso(a), ni celoso(a), ni resentido(a), ni chismoso(a), ni se cree superior a todos los demás, ni padece de obsesión ideológica, ni se siente crecer con la humillación de los demás, si no es tremendamente machista, entonces no le molestará que otra persona sea muy inteligente, que tenga éxito, que ocupe un puesto que usted ambiciona, que triunfe en la oratoria, la música o las artes plásticas, y podrá experimentar las riquezas de la comunicación, de la amistad, del optimismo compartido, del crecimiento personal con los dones ajenos, de la felicidad de ofrecer sus propias cualidades para lograr junto con la felicidad de los demás, su propia felicidad. Pero ¡qué difícil es no ser todo lo que, sin agotar las posibilidades, acabo de enumerar! Resulta tan fácil desquitarse envidiando, celando, murmurando, desahogando resentimientos, exagerando la autoestima, menospreciando, manteniendo contra viento y marea simpatías o antipatías ideológicas que ya no condicen con la realidad, buscándole siempre la base podrida de la que supone que provienen todos los éxitos ajenos (aunque no los personales), tachando de soberbios a los inteligentes y de inútiles a los que se esfuerzan sin lograr frutos, que podemos afirmar que se trata de una tendencia bastante natural en el ser humano. Diríamos que cada uno de estos defectos, encapsulados en un mínimo de madurez personal, no resulta demasiado dañoso. Pero cuando los estudiosos del mercado de la opinión pública se aprovechan de esas pequeñeces humanas y encuentran los medios para utilizarlas en su favor, la sociedad entera se corrompe con estos vicios y se convierte en barrera infranqueable para cualquier crecimiento auténtico. Creo que esta es la situación actual de los argentinos. Circulan, disfrazados de cualidades, todos los vicios enumerados. Incluso, se viven descaradamente y sin disimulo y hasta con violencia. Entonces se vuelve inútil razonar, argumentar, mirar otro aspecto, recoger y aprovechar las cosas valiosas, cultivar el sentido crítico elemental. Y la sociedad se transforma en máquina trituradora y devoradora a la que no hay cómo alimentar. Se apagan las lucecitas de presente, se exaltan los incendios del pasado y se ahogan las antorchas del futuro. Este es el panorama que impulsa a dar manotazos de ahogados. Y es sabido que esos manotazos terminan muchas veces en la desesperación de hundirse y hundir a los que están alrededor. Nunca callarán las voces de los que lamenten la situación y mirando al pasado afirmen que “nunca fue así”, descalificando todo lo bueno y lo nuevo que conseguimos y gozamos. Pero siguen escaseando los que, en serio, se pongan a remediar los males que advierten desde la perspectiva personal, grupal o social. Una democracia no consiste en votar de cuando en cuando a supuestos representantes del pueblo y cargarlos ilusoriamente con la responsabilidad de solucionar los problemas que se viven. Consiste en que la mayoría de los ciudadanos conscientes, dejen regir sus conductas por la razón en pos del logro del bien de todos. Consiste en que cada uno se sienta participante de la construcción común en lugar de gloriarse de lo destruido y de lo que todavía se propone destruir. Creo que desde este atalaya se podría hacer un análisis sereno de nuestra realidad social, que diera como resultado conductas positivas para remediar necesidades y falencias y que acabara con ese mar de fondo en que nos estamos hundiendo. No porque, como afirma Bergoglio, la gente esté cansada de enfrentamientos y quiera tranquilidad, sino por la malicia con que se arman esos conflictos, (que necesariamente tienen que existir entre intereses contrapuestos), y la conducta ya habitual de los medios masivos de comunicación que se alimentan y nos alimentan con lo peor, con lo más cruel, con los detalles más repulsivos de cualquier acontecimiento, justificando todo esto con el argumento de que se trata de libertad de pensamiento y expresión, cuando en realidad se trata de la libertad irrestricta de las poderosas empresas a que pertenecen. José Guillermo Mariani (pbro) |
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